Se llega la hora de los regalos
UNA NAVIDAD DE TRADICION Y SORPRESAS
Sonrisas,
gritos, regalos y algarabía arman el
pasar particular de los minutos de esta
noche de navidad, esta fecha donde se cita un espíritu de paz y amor en el que
el tiempo, resulta ser demasiado corto para poder demostrarlo.
Martes,
veinticuatro de diciembre, en la casa de
la familia Vilema Zambrano, con el
resplandor de las luces de navidad,
la melodía de los villancicos, y el aroma de la cena, empiezan
a reunirse en este hogar tíos, primos, abuelos hermanos, amigos y
personas que ni siquiera conocías. Todos con el fin de que llegue la cuenta
regresiva para festejar la tan ansiada navidad.
A
la hermosa vista de un enorme árbol
adornado con mayas doradas y mariposas violetas,
con el contraste perfecto de pompones y
esferas azules, al compás del fragor del
pesebre se visualizan grandes y pequeños regalos esperando a que llegue el
momento del intercambio de obsequios.
Para
todos esta fecha es muy esperada, es la ocasión perfecta para que Mercedes reunida con sus hijos , nietos y demás
familiares recuerden bellos momentos que el tiempo dejo atrás.
Son
las diez de la noche y al acomodo de muebles y cojines en la sala de la casa
cerca del árbol, en un semicírculo, se sientan
todos para realizar la respectiva
entrega de los regalos de amigo secreto.
A
elección unánime empieza la abuela, tomo de debajo del árbol una caja no tan
grande, todos ansiosos, esperando que ella mencione el nombre del
afortunado que recibirá su regalo, entre bromas y risas con una voz tierna y
dulce sale de su boca “yo tengo a la más pequeña de la familia, esta chiquilina
que a todos nos ha sacado una sonrisa … Melanie”, al ritmo de los aplausos y al
estruendo de los gritos continua el intercambio, unos se sorprendían por el
regalo, otros con una expresión notable daban a conocer que no era lo que
esperaban, pero en fin el objetivo de la navidad no es el tamaño de los
regalos, es el momento mágico que se vive
al instante de entregarlos, y
ya cuando pensábamos todos
habíamos entregado los obsequios, con una voz casi que dormida Carlos mi
hermano menor grita “hey… Falto yo” “mi amigo secreto no ha recibo su regalo,
yo tengo a mi papi”, y con una gran sonrisa saco de muy debajo del árbol una cajita súper pequeña que no estaba a la
vista de nadie, sorprendidos e
intrigados por lo que era, al coro de una sola frase gritábamos “ que lo
habrá..” y así se seguía escuchando la
frase hasta que por fin Alfredo mi papá decidió abrirlo en frente de todos y
saco de la pequeña cajita una hoja, con un dibujo para nada perfecto, era la ilustración de mi familia y un gran
corazón en el centro, y con letras un poco chuecas y casi no entendibles decía
“gracias papi… por hacer mi vida, la de mis hermanas y mi mami muy feliz” al leer esto, por primera vez en la vida, vi rodar por
el rostro de mi padre una lagrima, y no
hay sentimiento más valioso que el amor
de la familia y no hay mejor forma de demostrarlo que con una lagrima de
felicidad.
Bajo el momento tenso suscitado, y luego de los
abrazos y besos, la fiesta debía continuar, faltaban ya apenas veinte minutos para que llegaran
las doce de la noche , como tradición del hogar , nos acomodamos por familia y se pasa a las manos de los
integrantes la imagen del niño Jesús, cerrando los ojos se le pide un deseo y se le da un beso, pasándola rápidamente de
mano en mano se cumplen los minutos restantes, y exactamente a las doce en punto se pone al
niño en el pesebre, y así empieza la
repartidera de besos y abrazos, de deseos de una feliz navidad.
Entre
los gritos , las risas, y el correr de los
niños nos reunimos en la mesa para el
encendido de las seis velas cada una de un color distinto, primero la blanca
deseando la paz, luego sigue la roja, para que el amor de familia sea perseverante,
continuamos con la celeste, para la libertad,
aprovechamos y se enciende la amarilla para la felicidad y la
abundancia, asi mismo continua la verde para que nunca falte la esperanza y por
ultimo pero no menos importante se enciende la de color lila para que la
familia siempre este unida.
Asi
luego del encendido, nos sentamos a
cenar, la mujeres empiezan a servir la cena, el pavo, el arroz navideño, y como acompañamiento
compartimos de un exquisito brazo gitano con una reducción de vino tinto y
canela, y pues antes de empezar a degustar de la comida se realiza el brindis, y al sonar
agudo de las copas brindamos por que nuestra familia siga igual y mejor de
feliz, y que la próxima navidad sea mucho mejor y que todos volvamos a estar
juntos otras vez.
Al
terminar la cena entre bulla y llamadas telefónicas de amigos y los flashes de
la fotos siendo casi las dos de la mañana la fiesta recién se encendía, al
volumen máximo de la música empezó el baile de navidad, todos sin excepción
alguna bailábamos, y asi entre la larga noche,
el cansancio de los tacones y bajo el efecto de unos tragos la fiesta
iva terminando, los primeros en irse a la cama fueron los niños, y de repente al despertar entre almohadas con
el maquillaje corrido y apretada en la cama eran las tres de la tarde y la
noche tan ansiada ya había culminado, la navidad había terminado, y como dije
al principio el tiempo no había alcanzado.